Posteado por: inespiral | diciembre 7, 2007

Calles madrileñas y pelos de Camille Claudel

Bajo por la calle Fuencarral. Es fiesta, pero muchas tiendas están abiertas, y la gente sale de su casa en masa para comprar regalos de navidad. También salen porque es jueves, porque hace buen tiempo, porque mañana algunos no trabajan. Los jóvenes van muy bien peinados, sus flequillos combinan con sus converse y con las cazadoras y los pendientes. A mi me duelen los pies porque llevo tacones y prefiero andar a coger el metro. Voy pensando en Camille Claudel, acabo de ver una exposición suya y la siento cercana. Voy pensando en los flequillos de los chicos, en lo cara que es la ropa en estas tiendas y el tiempo que debe costar arreglarse cada mañana tanto…Enfrente hay una parada de autobús, miro a los chicos buscando explicaciones “deben de trabajan para la publicidad, son jóvenes y creativos, y la publicidad da mucho dinero, su misma presencia en el mundo es publicitaria” Mis pelos son un desastre, se disparan en todas direcciones. Entonces un señor, elegante, con perilla, de unos 60 años bohemios, se para delante de mí. ¡Se para! Estoy andando más despacio que la mayoría así que esto es posible “¿Qué pasa?”-le increpo. “No he dicho ni pio”-me contesta. Tengo mis dudas, pero es cierto que no ha dicho nada. Él repone “¿No puedo mirar?” “Si, si, claro”-contesto yo- y me rio. Me río sinceramente. Siempre se paran a hablar conmigo los vagabundos, los videntes, los extranjeros. Este señor no parece nada de eso pero estoy convencida de que ha leído parte de mis pensamientos.

Continúo andando. Camille Claudel me obsesiona. La gente me empuja, he entrado en la gran vía. Hay unos músicos rumanos que tocan la trompeta y el acordeón, un señor que le hace una foto al Macdonals, dos mujeres con los michelines al aire que llaman a su primo por el móvil, y mucha gente más. La gran vía está llena, es una catarata continua de gente agolpada. Pienso si me gusta y no lo sé.

Camille estuvo reprimida por su familia y después dominada por Rodin. Era hermosa, vital, soberbia y perseverante. Esculpir no era un accesorio, sino una necesidad. Tenía casi todos los atributos para volverse loca en una sociedad como la decimonónica, por muy parisina y bohemia que fuese. Y su deseo de amor eterno y puro fue su mayor socavón. Lastre de mujeres inasibles y perdidas. Los artistas. Mujeres. Necesidad de un hombre, real o inventado, sobre el que pivotar desenfrenos e ilusiones. No nos bastamos y al mismo tiempo nos rebelamos contra ello.  Deseos sinceros, obsesivos y  brutales que  nos consumen. Camille entregó su obra y su nombre a su maestro y amante. Su primera obra importante es Sakountala (una leyenda india que habla de dos amantes que se habían olvidado y se reconocen y perdonan en el nirvana)

 

Camille se desprendió de si misma para habitar en Rodin y el resultado fueron cuerpos desnudos enredados, dedos sobre la columna vertebral y un huracán que representó en la Valsa, la Ola, en la Fortuna, en La Edad Madura.



 

 

Camille estaba obsesionada con el cabello. Trató de emanciparse de su maestro, y artísticamente lo hizo. Esculpió docenas de veces a la petite châteleine, a la que también llamó la Aurora. La petite châtelaine era una niña joven, hija de una tabernera, amiga de Rodin. Algunos autores han dicho que esta fijación por ella significaba una maternidad frustrada. Yo más bien creo que Camille hubiese dado el alma por ser la Aurora y poder ser amiga ingenua y protegida de Rodin. O lo hubiese dado todo por recobrar el paraíso perdido de la infancia y no reconocerle jamás. La petite aparece con la trenza recogida, con el cabello suelto, con el cabello enredado.



El gesto curioso de su mirada coincide la actitud de su cabello. Y otras dos esculturas mitológicas aprueban esta hipótesis improvisada: La Gorgona y Cloto. Cloto es una de las tres diosas griegas que cortan el hilo de la vida. En una escultura de Camille, sus cabellos, sobre sus tetas caídas, se confunden con la vida.

Continúo atravesando la ciudad. He llegado a la calle Preciados sin querer. Debería haberme dirigido hacia San Bernardo. Padres y madres llevan se concentran con sus hijos enfrente del Corte Inglés. Hacen fotos con el móvil a las luces de navidad y comentan las figuras que el centro comercial ha puesto este año “El año pasado eran animales…” Animales. La palabra animales me persigue. Y si, lo somos, nos guiamos por las lucecillas, los colores, el olfato. Por cierto, en Madrid la gente utiliza perfumes caros. No recordaba eso. Trato de abrirme paso. La gente espera impaciente en la cola de un papá Noel que coloca a los niños en sus rodillas y promete regalos y más regalos. En la calle Arenal la policía empuja a la gente para que los coches puedan avanzar por la calzada. Los taxímetros montan. Mal asunto cogerlos tal día como hoy. Bajo por la Latina, hasta la calle Toledo y el Mercado de la Cebada. Todo sigue en su lugar: en perpetuo movimiento. Respiro aliviada. La portada del País del miércoles (en la que salían cetrinos políticos manifestándose contra el terrorismo) me había recordado al Aquelarre de las pinturas negras de Goya. Imaginaba esta ciudad ardiendo en llamas rojigualdas…pero los medios pese a todo exageran. En Madrid hay 3 millones de extranjeros, es una ciudad sostenida por los extranjeros (y las multas de tráfico)

 

Bronce fundido, y pelos. La sagaz Camille moldea y rompe sus esculturas. Troquela pupilas, arquea torsos, convierte la superficie de los cuerpos en una arruga insondable. Salgo de la calle. Entro en casa. Es agradable la calefacción.

Camille, la encerraron en un manicomio y terminó su vida esculpiendo chimeneas en mármol onice y mujeres con una crisis nerviosa. El núcleo de su obra está forjada en el fuego y en las ganas de amar, sus esculturas desbordan una energía centrípeta y aún cuando tienen los brazos rotos, no se nota. Camille fue energía que su amante, maestro y aprovechado Rodin censuró. No sé si Rodin era un cobarde o Camille compleja hasta lo innecesario. Rodin nunca dejó a su otra amante, más vieja y sensata, pese a prometerselo a Camille una y mil veces. Ella se arrojaba celosa contra las paredes.

Gracias a Camille hoy las calles se parecen a un cabello trenzado.

La obra de esta escultora es la de las mujeres que viven más allá de lo posible y que, tal vez, para no desprenderse de la vida se encadenan y torturan.

Camille es libre, pero es el azar de un músculo que sin el otro no es nada.

Buenas noches.


Responses

  1. Precioso relato de tus días en Madrid. Me gusta como combinas el arte de claudel y tu propio arte al escribir.

  2. Me gustó lo que escribiste. No desistas y menos aún insistas en estas personas. y disfruta de lo q escribes

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