Posteado por: inespiral | diciembre 28, 2007

Una hª de Ficción: “En la hora que los gatos drenan el canal”

1.
– Menuda peste, a ver si llegamos pronto
– Cuando drenan el canal siempre es así, un poco más abajo están los residuos…
– ¿y para qué tanta obra?
– Serás la única que no te hayas enterado
Aquel día festivo una multitud había salido a la calle con los niños y sin ellos, a ver al papá Noel del corte Inglés, a hacer fotos, tapear y comprar regalos de navidad. Luis y Lucía se habían encontrado entre la multitud por casualidad. Habían pensado hacer como si no se habían visto y al minuto se habían saludado con un beso en la mejilla, “¿Qué haces?¿Qué es de tu vida?¿Dónde vas?” Habían acabado en un concierto de jazz y bebiendo ron hasta que cerraron el último bar.
– Que si, joer, que ya lo sé, pero no entiendo… ahhhhh, mira el contenedor
Luis pega un brinco, se dilatan sus pupilas, enfoca en la oscuridad un trozo de carne que sale del tanque azul de reciclaje de papel
– ¿Cómo coño lo han metido ahí? Dios…que mierda
– ¿Pero qué es, que dices?
– ¿Es que no lo ves?
Una mano cuelga del tanque azul. Lucía se desprende del brazo de Luis que rodea su cintura y pega saltos hasta el tanque.
– Lleva un rolex
Luis se acerca también, comienza a dolerle la cabeza y de repente le tiemblan la voz y las piernas. No sabe si es por el muerto, ero de repente la realidad desaloja sus disfraces y el viento se vuelve espeso e insondable. Reacciona autómata, dice algo por decir
– ¿Pero que te pasa?… Esto no es una peli de los Cohen
– Oye, que no ha sido culpa mía…mira, lo han metido por arriba
Lucía se agarra a una anilla y brinca hacia lo alto del contenedor. Mira por el hoyo, entonces se da la vuelta y vomita todo el ron que ha bebido en el concierto…la acera se llena de sí bemoles
– Aiiiiiiiiiiiii…
Luis sube a ayudarla “Si, venga, ahora desmayate…” y entorna los ojos.
– Venga, vamos a sacarlo
– Pero… ¿Tu estás loca o qué? Vamos a llamar a la policía
Lucia le mira con incredulidad como diciendo “¿A la policía, que dices, como vamos a llamar a la policía si te buscan, y, además, desde cuando has confiado tu en la local? ¿Viste lo que hicieron esta tarde?”
– No a la local, a la nacional- le contesta Luis
– Me da lo mismo, aquí hay algo que no es normal, no creo que la poli vaya a hacer las cosas como debe
– A ver, corazón: razona- le dice Luis- Luis la mira con el cetro cejijunto, como si ello bastase para convencerla
A Lucía se le encoje el pecho, ese “corazón” la violenta hasta el extremo. Nunca Luis le había llamado así. Y tampoco le suele dar ordenes. Es como si con esa sola palabra Luis hubiera vaticinado lo que iba a ocurrir…
– No, no razono- contesta
– Si tocamos el cuerpo, podemos prepararnos para una denuncia.
– Me parece perfecto que hayas estudiado derecho y te codees con abogados. No van a pillarnos…joder, ¿no sientes curiosidad? ¿No ves que oportunidad tienes delante de ti?
– Eres una inconsciente
Lucía se tambalea, le gusta sentirse mareada, olvida así los años en los que no pudo beber. Luis envuelve su cintura con su brazo y la aprieta fuerte contra él. Ella siente su miembro. Duda, expira, carraspea, un escalofrío… y recuerda la última obra de teatro que fue a ver. Quiso gritar “no somos cobardes, somos resistentes, pero sacó la libreta y apuntó ¿Cobardía es igual a resistencia?” Después salió en estado catatónico.
– Bueno, ¿qué?, ¿no te da curiosidad?
Luis suspira…¿Curiosidad? ¿Le da curiosidad un muerto? No tiene sentido darle una charla a su amiga, intuye que no llegará a ningún lado… ¿Curiosidad? Si le da curiosidad es porque ella le incita a ello… Maldito el momento en el que torció la cara y se encontraron
– Solo comprobamos que lleva en los bolsillos y nos piramos
– Primero hay que encontrar una soga. Casualmente esa especie de liana que cuelga de las esclusas servirá. Después hay que bajar al contenedor y atar los brazos del hombre muerto con cuidado de que no se rompan. Y tirar hacia arriba despacio, despacio…
El muerto está tirado en la acera. Sacan de sus bolsillos colillas, llaves y tarjetas. Se llama Fermin Gutierrez Ardoz, tiene 56 años y que le han clavado una navaja en el esternón. Pertenecía a tres sociedades financieras y a un club de golf. Iba al urólogo y al psicoanalista. En su agenda de teléfonos aparecen más de 732 contactos. La última llamada la hizo a una tal Vanesa y a un programa del corazón.
– ¿Satisfecha?
– ¿Y ahora qué?-dice Lucía- Ya ves, no podemos dejarlo aquí…además es un pez gordo…
Envuelven a Fermín en una manta y lo arrastran a hasta el garaje de casa de Luis. Según él sus vecinas son mayores, no se enterarán de lo que pasa. Allí hay un gran arcón con ultracongelados. Ya es completamente de día. Vacían el arcón de calmares y empanadillas chinas, meten a Fermín y le ponen un candado. Se miran “Esto es una mala mezcla de Volver, Terciopelo azul y Fargo”
– Me da igual, yo tengo sueño…y creo que es hora de despertarse- Luis se pellizca en el antebrazo, se le erizan los pelos, pero del dolor no brota ningún otro plano de realidad.
– Pues…-Lucía se quita los tacones- es hora de dormir
Suben al cuarto de Luis. La calefacción es agradable. Para llegar a la cama saltan por encima de la guitarra eléctrica, el equipo de esgrima, cartones con libros, con cómics, con discos…y se desploman sobre la cama desecha, conocen sus recovecos, sus arrugas y sus vicios. Se van desnudando poco a poco, entre caricias, y se quedan dormidos, uno encima del otro, tejiendo una masija de pelos y mordiscos nacida de todas partes.

2.
– Tus padres y tu hermana ¿están de viaje?
– La pequeña Silvia se fue ya de casa, comparte apartamento en Madrid con no se quien. Mis padres si, creo que tenían una reunión en Frankfurt..
Se han despertado cuando ya se había puesto el sol, desayunan tostadas con mermelada de naranja y queso brie, Luis busca algo que no les recuerde al pasado…tarda en encontrarlo, al final suena Cristina Rosenvinge, nunca ha estado en un concierto suyo, pero le recuerda a Dias Extraños.
– No sé como puedes continuar con ellos
– ¿Y qué quieres que haga? No tengo salario fijo
– Pues lo normal, chato. Lo que está claro es que los niños guapos estudiáis masters mientras los otros curran y se pagan la hipoteca… No sé quien se inventó eso de que ya no existían clases. Los niñatos de hoy os preparáis para ser los ejecutivos de mañana, y ni siquiera lo conseguíis.
Luis se acuerda de Fermín, de la soga enroscada en sus hombros, de la cuchilla atravesada. Lucía no tiene corazón, la noche anterior parece un mal sueño. Mira la manta del rincón. Tiene una costra marrón. Mieeeerda, no es un sueño, ¿verdad? ¿Tienes sangre en las manos?
– Sangre no mucha, pero mira estos arañazos, me los hice tirando hacia arriba
A Lucía le tiembla la cucharilla en la mano, Luis se bebe lo que queda del café de un trago. El fondo está demasiado dulce, se había olvidado de darle vueltas.
– Vamos a terminar lo que empezamos
– ¿Si…?¿ como empezamos?- Ahora es Lucía la que lamenta un poco haberse saludado, se debate entre la pereza y los nervios, se muerde las uñas –Sería mejor devolverlo donde estaba, creo que tenías razón ayer, nos hemos pasado…ehhhh, no deberías haberme hecho caso Luis…parece mentira, ya sabes como me pongo…¡joder!, que poca personalidad

Se levantan cautelosamente, no hay cámaras alrededor ¿no?
(Entonces) llaman al teléfono. Tres rings. Parece un mal augurio. Finalmente Luis, descuelga el auricular. Frunce el ceño, su voz se le atraganta ¿Si?
– Hola, ¿Está Silvia?
– Ei, no. Silvia no vive aquí desde hace dos años, llámala al móvil
– En su móvil me dijeron que llamase a este número y preguntase por Lucía
– ¿Qué? Es raro, ¿Qué? pues aquí no esta… -Luis va a colgar, pero reacciona- Oye, ¿quien eres? ¿has dicho por Lucía?
La interlocutora ha colgado. Lucía mira a Luis. Luis llama a su hermana. En efecto, nadie contesta. “Luego le escribiré un mail.” Que desastre de Silvia, nunca lleva el teléfono encendido.
– Y preguntaron por mi ¿verdad?

Regresan al cuarto, se rozan. La tensión del aire enjuaga rabia y ganas, pero van al grano.
– Vamos al grano
Extienden sobre la mesa la billetera, todas las tarjetas, el dinero. Encienden internet.
– ¿Sabes que los americanos tienen un verbo para esto?
– ¿Qué?
– Un verbo para decir “Introduzco un nombre en Internet y saco información” Mira, aquí está Fermin Gutierrez.
Hay que saber buscar, hay que saber burlar las contraseñas y los códigos de privacidad “Déjame.”
Por la noche han descubierto que Fermin Gutierrez tenía muchísimas acciones en varios programas del corazón y en cirugía estética. Y que su asesor financiero se llamaba Santiago Trozos. “Somos unos genios”
– La mafia siciliana diría… “Es hora Santiago, de que hagas un largo viaje” ¿o como diría?
– No te pases, Luisito, ya hay un muerto, no creo que Santiago vaya a estar siempre presente, puedes suplantarle la personalidad sin más: bloquéale las cookies, cambia las alarmas de Fermín y cuando se de cuenta ya será tarde.
– Tenemos que pensar bien, ya es tarde para rectificar ¿o qué? ¿Qué queremos hacer con esta información?
Ya son las once. Lucía y Luis necesitan salir de casa un rato. Van a cenar a un chino que hay por la calle Alfonso. Los domingos por la noche, Zaragoza está vacía. Que decir de los bares…cuesta encontrar uno abierto. Han puesto las luces de navidad, los adoquines están húmedos.
Ayer parece hace mil años. Hoy, lo dan todo por supuesto.

El lunes Luis va a trabajar al buffete, Lucía se queda en la cama. Se mira al espejo, sus ojos están vidriosos, estornuda. Regresa a Internet y prepara un plan para cuando regrese Luis. Si realmente quieren hacer pasta lo mejor será suplantar la personalidad de Fermín. Nadie debe saberlo. Sin embargo Lucía sabe que él puede echarse para atrás si ve al muerto, ¿Cómo deshacerse de él? En “Tomates verdes fritos” cocinaban al muerto, y a la gente le encantaba. Tal vez…pero no, no tienen un restaurante. Lo mejor será dejarlo donde está…¿Dónde está? ¡Ah!
3.
Silvia pasea por la Castellana, acaba de ver una exposición de Camille y piensa en la injusticia de algunas mujeres consigo mismas. En la estatua l´âge mur, que es el gemido de la juventud a quien la cruda realidad arrebata la razón, y el amor. Hace tiempo que no llama a su hermano, antes tenían una relación muy intensa, ahora… buff, sus compañeros de piso habrán dejado la cocina hecha una pocilga después de la fiesta de ayer, olerá fatal, maldita la ventilación del salón. Puede ir a la Sierra a visitar a un amigo, no lleva nada, pero seguro que el le dejará un saco de dormir. Le da mucha pereza regresar a casa. Gira, da la vuelta y llega a plaza Castilla, mira a la multitud reflejada en los cristales de las torres Picaso, allí está ella también, un puntito insignificante en una plaza, levanta los brazos, se agita. Nada, apenas se percibe, si eso ocurre en una plaza ¿qué decir del mundo? Coge el autobús 14 y se va hasta las Pedreras.
Viene a buscarla a la parada del autobús Marcial con dos chicos más que no conoce. “Tenemos preparada una sorpresa”
– Te presento Lucía Tomás, Lucia Juanjo. Nos vamos de barbacoa al local de Tomás…
Local…es más bien una caseta de pastores. Siempre que Silvia está con Marcial la ilusión le gana terreno y se olvida de que todos sus problemas son insignificantes. Marcial tiene el don de transformar lo “normal” en trascendente, con él los gestos de las personas adquieren relevancia más allá de la formas, una silla colocada en medio de un descampado o una burbuja sobre la lámina de agua de un charco se convierten en algo más que obras de arte. Y lo mismo ocurre con los trenes, con las aceras, con la comisaría…aunque la ciudad sea fea siempre quedarán las flores, y para ello, muy importante, no hacen falta ingresos algunos. Algunas veces Lucia se ha preguntado si Marcial estará enfermo. Vive el presente arrojado hacia delante con una intensidad fiscal, en su imaginario no hay nunca mañana.
Marcial se lleva la armónica, y los otros las guitarras. Encienden un fuego. Una luna llena revienta el color amoratado de las nubes. El fuego devora los troncos de encina. A Silvia le hierve la sangre. Y tiene la piel muy sensible, como si no hubiese dormido. Sabe que algo importante sucede. Tiene los poros abiertos. Entonces suena su teléfono, el teléfono la irrita. La irrita profundamente es momentos como ese. ¿Por qué lo lleva encima? No lo sabe, no recuerda por que lo cogió. ¿Es que acaso esperaba una llamada? Ay, recuerda que llamó a Marcial con él.
– Hola Silvia, te acuerdas de mi, soy la Marimar
Marimar, marimar…¡cuanto ha pensado en ella este tiempo! Era la sanadora de verrugas que le limpió los pies con unas plantas. Se mira los pies, y es cierto que ya no tiene, se le desplazaron a las manos. Leyó en una revista que era por los mecanismos linfáticos ¿y qué más? Joder, que memoria
– Me gustaría hablar contigo directamente, ¿dónde estás? ¿podemos quedar un día?
– Si, si…-contesta Silvia todavía sorprendida- tu dirás… estoy viviendo en Madrid…¿sabes? a todo esto…
– Mmm…bueno, nena, eso retrasa la quedada… tengo que bajar a Granada pasado mañana, el jueves a las ocho, ¿estás libre?
– Menudas prisas, tengo danza, pero salgo a y media, ¿Qué tal a las nueve? –Silvia nunca ha quedado tan rápido por teléfono-
– A las nueve. ¿Conoces una teteria de la calle Pez, una que hace esquina?
– Si…si
Entonces la Marimar colgó, no había cambiado demasiado, siempre colgaba antes de que terminasen las frases. La noche continuó. Silvia sabía que pasaba algo importante. ¿Que sería, qué sería? La luna se picó como un limón disecado. Empezó a soplar viento y a traer del este el aroma de la lluvia. “Pese a todo resistimos”

4.
La gente sale a beber porque tiene miedo. Ochenta cuerpos amontonados dentro de un pequeño recinto con mala ventilación, escuchando música hortera o diciendo tonterías y verdades en grupos, en parejas…¿Qué va a hacer si no beber? Beber para calmar algo más que la sed: la ansiedad que produce el choque de tantos cuerpos juntos, el pánico y timidez que nos tenemos los unos a los otros, el empuje de las semanas que nos conmina a entrar en una rutina no elegida. Silvia está en el bar, pero no está. Lo mira todo desde una esquina muy lejana “Cuanta gente viene aquí a beber…cuanta gente viene a ligar…es un mero tránsito”
El cojín bajo su culo tiene una arruga. Llega la Marimar, contoneando el trasero a topos, como salida de un squetch de Emir Kusturica. Sus ojos negros, que recuerda Silvia vivarachos, transpiran un humor fatal que trata de evitar. Sus labios sonríen. Besa las mejillas de Silvia, con contundencia de matrona. “Cuanto has crecido quiá”
Les sirven dos mojitos. Se crean dos minutos incómodos. La Marimar chasquea los dedos y busca las palabras adecuadas. Silvia recoge trocitos de papel de la mesa y hace una torre. “¿Qué ha ocurrido?”
– Tu hermano ha matado a un hombre
– ¿Qué?
– Tu hermano ha matado a un hombre
Silvia tose. No entiende bien. Hace tiempo que no ve a la Marimar, debe de estar en uno de sus ataques.
– Bueno, ya se que no me crees, eso está bien, confías en tu hermano…pero te contaré si quieres
“¿Quiere?” Silvia no sabe si quiere. Silvia quiere irse.
– Fue el otro día. Su novia y él llevaban tiempo planeando. Hay un vecino de la urbanización que llevaba meses sin salir de casa. Es bastante rico, de estas riquezas financieras, mantenidas al calor de la sombra. Tenía un criadero de gatos, por capricho claro. Tu hermano y Lucía envenenaron primero a los gatos. Unos cuarenta gatos. Lo cierto es que al hombre le fue bastante indiferente la suerte de los gatos, pero le entró el pánico en el cuerpo. Percibió su vulnerabilidad. El psiquiatria le decía que tenía manía persecutoria. Se meaba en la cama, no podía comer. A las dos semanas, tu hermano y Lucía forzaron la puerta del garage. No se llevaron nada excepto unos cuantos papeles y documentos. Lo degollaron mientras dormía. Y después, para que no oliera, lo metieron en el frigorífico.
Tiene ganas de vomitar, la historia es como un boomerang. Llega, arrasa, se va. Se marea. Su mente se llena de voces. Le late la boca del estómago tan fuerte que la arrastra hacia abajo… “¿Y qué puedo hacer?”
– Tendrías que hablar con tu hermano
– ¿Y tu esto como lo sabes?
– Nena, que pregunta, soy vidente y adivina, o no lo soy.
– Pues vaya…sie-e-e-e-empre he confiado en ti, pero ahora, ahora, no me lo cr-r-reo del todo
– Habla con tu hermano
– La puta de la Lucía, siempre me ha parecido una golfa envenenada, no trae nada bueno allá donde va
– Si, si, pero esto ha sido más iniciativa de tu hermano…ella lo indujo al asesinato, pero es él quien ha dejado el trabajo y pasa horas modificando el perfil financiero del muerto. Le está suplantando la personalidad y tiene todas sus cuentas bancarias…
– Que estúpido ¿Y que pretende hacerse después? ¿La cirugía estética?
– No te extrañe nena, el muerto tenía acciones en ese campo y le saldría relativamente barato viajar a Brasil y someterse al tratamiento
– Ahhhhhhhhhhhhhh
– Definitivamente
– ¿y no le han dicho nada en el buffete?
– Llevaba tiempo a malas con ellos, querían que se fuera, así que cuando firmó baja temporal, porque lo que ha firmado es baja temporal, comenzaron a preparar los papeles de su finiquito. Él lo sabe.
– Oye, o te lo inventas todo o de verdad eres muy bruja
– Yo no invento
– Anda- solloza Silvia- dame un abrazo
– Venga nena, valor
Después Lucía le cuenta que tal le va la vida, aunque Marimar ya lo sabe. Lucía estudia antropología y envía fotografías a distintas revistas por las que le pagan una miseria “pero algo es algo.” No soporta el desorden de sus compañeros de piso “Nunca me había pasado eso, debo de estar haciéndome mayor”
“Si, nena, estás madurando”
Y Lucía piensa en una naranja con la pulpa viscosa y la piel macerada.

5…..(continuará)


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