Posteado por: inespiral | marzo 16, 2008

Relatillo: juguetes en el piso

 Una serpiente de corcho sonríe sobre la mesa. Pero la tarántula que se ha escapado del terrario es mucho peor. Me he meao en las bragas del susto. Después he recogido los bártulos y he engullido litros de agua. Haciendo ruido, un ruido inmenso y oxidado.Tengo una herida en el empeine. Es un mordisco chiquito, pero escuece y comienza a paralizarme la pierna. Hace cosquillas. Después… no se donde se ha metido la jodida tarántula, así que tengo insomnio y miedo. Ya sabes.

 Miedo de que me pique en la cornea. Allí donde soñé que me clavaban postes de acero. Mi pupila convertida en tierra, mi pierna convertida en carne gangrenada, después en costra, en cecina, en pergamino, poco a poco en nada.  Y pienso en la serpiente de corcho que me regaló mi abuelo. Es una serpiente de fabricación casera, sus tripas son corchos de alcornoque y está pintada burdamente. Es roja y verde, como el bosque pintado o tal vez sus colores muy vivos me confunden y no está pintada. Recuerdo, hoy hablamos en la comida sobre la extinción de los alcornoques, por qué pasan frío, por qué sus cortezas sirven para embotellar millares y millares del mejor y el peor vino. En navidad, entre el frío de los anuncios y la supuesta nieve, los alcornoques pelados se disparan. Dejan de existir alcornoques con corteza. Las burbujas del champán mantienen su voluptuosidad embotada gracias a los corchos de alcornoque. Los precios de la madera crecieron, así que han empezado a fabricarlos de silicona, pero la textura de las esencias se pierde. ¿Cual es el precio que hay que pagar por un rico champan? Después he venido a esta casa.

En ella solo quedan polvo y fotos, el botiquín, la cocina de gas, las macetas podridas, la vecina se pasó de regarlas. No se donde metí las llaves. Un gran espejo, unas pocas cartas, de aquellas apolilladas que dentro de poco continuaré leyendo. O tal vez no. Y la serpiente de corcho. Y la jodida tarántula. Estornudo. Hay tanto polvo. Trepa el veneno por la parte de atrás de mi rodilla. Y no queda agua para seguir meando. No sé quien terminará la investigación sobre las cartas del abuelo. Allí las guardo, esas aes entrelazadas, esos palos torcidos hacia el cielo, esos moscardones que aparecían escritos con deleite y decisión, dispuestos a saltar de la hoja a la moqueta y dejar su tiempo atrás. Llegar a la cocina, organizarlo todo, ollas, pucheros, cacerolos, y hacer un pudin de chocolate y pasas, como aquellos de los días señalados en el calendario.

 La textura de los alimentos. Se toparían con ella. Tal vez alucinaran, tal vez se asustarían, las letras, tal vez.

He envejecido cien años, me miro en el cristal de la ventana. He envejecido cien años. Si fuéramos peces no tendríamos que cargar con el fardo de la memoria, si fuéramos alcornoques no tendríamos voz para protestar.

La serpiente sonríe. Y no alcanzo a contestarle. Miro a la serpiente, un calambre, y algo que me hace decir, en voz pausada y serena

         Busca a tu amiguita pequeña, busca a tu amiga.

          O huye de ella. Sus caricias son mortales. Es como si hubiera venido aquí a morir ella también.

De las recetas de hace tiempo extraigo una pomada. Antiinflamatoria. De qué servirá una pomada antiinflamatoria si me estoy muriendo. Me cago en la puta. Me quito las bragas. Y pienso en qué es lo que comen las tarántulas. Salgo a la terraza a cazar mosquitos, o algún gusano de luz, o lo que sea. Me fallan las fuerzas, el diafragma se contrae.

         Sabed mosquitos, si chupáis mi sangre no os caerá bien al estómago.

         Por lo menos atraparla y dormir. Por lo menos dormir antes de que me encuentren.

 Es más de noche que de día, pero todavía no es de noche. He de apresurar los gestos, he de apresurar. ¿Cuántas arañas habrá en el piso? No puedo gritar. Ni siquiera contar con claridad. No veo nada, pero sé que hay esta. Solo esta. Y ninguna más.En la acera de enfrente hay muchas grúas. Grúas que construyen avenidas y autopistas, que están levantando un gran rascacielos de ladrillo engobado. Así las nubes quedarán atrapadas y vendrá toda la lluvia. Agua al fin. ¿Por qué la engullí toda? ¿Por qué ese alarde ruido inmenso? Hay un obrero que tose. Siglo XXI, ya no hay obreros, hay operarios. Y una chica que arde. La chica se inflama y acaba carbonizada en la acera.

          Dame un poco de tu fuego preciosa, a mi me quema el empeine, la rodilla, la pierna, no lo quieras todo para ti.

Aparece la policía, la ambulancia, la prensa. Aparecen todos los vehículos que responden a un número de teléfono. Y de la boca solo sale un aullido seco. Se me quiebran los labios. La persuasión de que no hay agua, y tampoco tarántula.

          Pero una de las dos creencias es mentira.

         En el espejo ando tratando de reconocer cual de ellas. Y recuerdo el sueño de ayer. Los vecinos se han ido a vivir a la periferia, aquí solo quedan oficinas. Esto tal vez lo sea, un sueño o una oficina.

 Pero las cartas, en las cartas tal vez pueda probar que esto no es una oficina. Los sellos no tienen sello corporativo. Es mentira atribuir a meras casualidades lo que nos cuentan los sueños. Es mentira su interpretación. La letra de las cartas imprecisa. La es parecen aes, las aes parecen oes. Triste veneno. Son hermosas las eles y las jotas, inspiran confianza esas uves. Me duele la pierna. No siento la herida. Allí, en ese rincón, justo al lado de la cómoda y las espigas, mi abuelo me explicaba como darle de comer a la tarántula. Primero unas lombrices, ¿eran lombrices?después… sobre todo que no se enoje, y jamás sacarla del terrario. La busco. Cuanto aguanta. Que lista es.

         Contaba mi abuelo que cuando era más joven se le había escapado dos veces y siempre la había encontrado acurrucada en el rincón tras el butano. Le gustaba escarbar en el olor del butano.

          El olor del butano es casi como el sol, que desprende gases, ¿me reencarnaré en tarántula?

Me mareo y ya se han llevado a la chica inflamada, no queda nadie en la calle. Después reagrupo las cosas, obstinadas se desperdigan por la habitación.

         Ellas solas, tu no las desperdigas

         Ellas solas, yo no las he tocado, ahí está el anzuelo, la serpiente, las bragas

          El lego, las piezas de madera, los bichos de plástico, ¡Ellas solas! Recojo los cuadernos cuadriculados, ¿me dejo algo?

Te olvidas que la tarántula sigue libre por el piso, que anda con hambre, aunque no sepa bien porqué ni en qué dirección.

         Dirección al pasillo

         O dirección al cuarto de baño.

Que siempre desde hoy tu sangre es más insípida. Que la notarás correr cuando no lo desees.

         ¿Agua, sangre o tarántula?

         Cuando no lo desees, la sombra.

          La sombra es el desorden

         No. La sombra es el orden

Me olvido, te olvidas, pero vamos a bailar, la serpiente es de madera o el champan está esbafado, hace buen sol.

         Mentira.

         ¿Mentira?

         Para otro día las cartas del abuelo

         Para otro día


Responses

  1. Me gusta mucho como escribes, y esta historia me ha gustado. Tan solo darte la enhorabuena. Suerte!


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