Posteado por: inespiral | noviembre 3, 2008

Dos de noviembre, cempasúchil, Catrina y copal

 

Una de las fiestas más esperadas en México es el Día de Muertos, momento en el que los “ancestros” grandes y chicos regresan.

Es tradición en estas fechas levantar coloridos altares a su espera, comer pan de muertos y escribir coplillas de sátira social. El caos renace, con cierto ánimo barroco, la muerte a ricos y pobres iguala. Algunas plazas se llenan de representaciones, llega La Llorona y La Catrina, se amontonan las “calacas” de azúcar en los puestecitos y a ratos huele a esencia de copal. 

 

 Una familia en el Panteón de Santa Úrsula. Colonia Sur de México D.F. Día de muertos.

 

 

 Un retrato, un vaso de agua, sal, pan de muertos, flores moradas, rosas, blancas, amarillas y algunas figuritas prestan bienvenida a quien regresa del más allá. Quien quiere tacos, quesadillas, tortas o nopal. Tal vez toronjas, mamey, piñas o aguacates. El cementerio es una fiesta, come, bebe, charla, cuidado no te tropieces con esa cruz.

Cubo de agua va, cubo viene. Todavía se vende cempasúchil, ramillete de flores amarillas que representan la tierra. Uno piquetea allá, otro clavetea aquí, aquel arrastra el pincel arriba y abajo, convierte en azul la tumba de su esposa. Los niños, muchos disfrazados de brujos, diablillos, momias, piden algún peso para su calaberita.

 

Altar domestico, con sal, frutas, agua, pan de muertos, cempasúchil, calaca de azucar, velas, retratos y mariachis de Guadalajara.
 

 Hay cementerios pequeños como el de Santa Úrsula, colonia al sur de la metropoli, que preserva aires de pueblo. Hay otros, como el de Dolores o Mixquic, que acogen a miles y miles de capitalinos este día, no sin dificultades, este año hubo una huelga que bloqueó durante 30 horas el acceso principal a Mixquic. En Xochimilco amigos y familias montan en trajineras, barcos que discurren por los canales entre las chinampas. En Coyoacan los vendedores callejeros protestas porque pasó una ley que limitaba la venta ambulante. En la plaza del Zócalo, frente a la Catedral y el Palacio Virreinal, asociaciones, sindicatos, fundaciones levantan grandes altares y representaciones contemporaneas en las que son esqueletos las parejas que bailan, los hombres en bicicleta, las señoritas en el metro o incluso la Familia Burron, un comic mexicano.

 

 

Coyocan. Altar protesta por la venta ambulante.

 

Se rescatan tradiciones mixtecas de culto a Tlaloc, el dios de la lluvia. Se rescatan cantos, voces y danzas nahualt. Se rescata el sincretismo que caracteriza esta tierra. El gentío se amontona frente a un combate de lucha libre. Chichimeca, tolteca, maya, el rito indígena oscila entre el esencialismo, el comercio y el folklore en esta inmensa plaza de armas. Chamanes de torso desnudo realizan salumaciones, grupos neoaztecas agitan su cuerpo al ritmo del tam-tam mientras portan pesados penachos de pluma. De noche y día hay hombres en carritos limpian zapatos, niños que se pierden, policías que vigilan.

 

Culto tradicional a la muerte, en la plaza del Zócalo.

 

La familia Burrón, de Don Gabriel Vargas, en los huesos.

 

Hay fiestas en el Palacio de Bellas Artes, exposiciones en los museos, recitales en La Alameda. Hay esqueletos hermosos y vestidos con elegancia, como La Catrina, personaje mítico que representa a la alta sociedad mexicana. Hay otros que se arrastran, que muelen maiz o cocinan tortillas. Por una callejuela cercana a plaza porticada de la Republica, una carreta corre portando a la Sagrada Muerte, un culto violento y reciente que se ha extendido en zonas de violencia y narcotráfico, tan cacareado por el gobierno para militarizar el estado, fruto también de la negligencia y la corrupción.El magnetófono de un comercio grita “no desaproveche esta oportunidad, es día de Halloween”. No puede faltar la influencia norteamericana. Y la vida sigue. La mayoría de los mexicanos espera que gane Obama.

  

Responses

  1. Iiiiiiiiinésss!!!!!!!!!
    A pesar de que tú te dedicas a desmontar mis estúpidas teorías en el blog, yo te digo que muy buena la entrada y queremos más, ahora tienes más cosas que nunca que contarnos (que ya es decir), aunque imagino que te faltará tiempo precisamente. Bueno, un beeesico enorme!


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