Posteado por: inespiral | mayo 1, 2009

En la ciudad de los muertos probables…próximo destino Veracruz

 

Ya no son los tiempos de muerte en Venecia, donde el cordón sanitario aplicado a una putrida ciudad se tardaba dos meses; no son tiempos de peste y cruzada, ni de dioses solares tomando temascales, ya no son tiempos porque desaparecen las fronteras no solo con los aviones, sino con darle al botón izquierdo de un aparatito que se llama ratón. Sin embargo, pese a la ciencia y su rapidez, estoy convencida de vivir en una época irracional y  oscurantista en la que el rumor, la opacidad y la autocracia son las reglas del juego…


 

 

 

 La imágen de una estatua con mascarilla me recuerda al planeta de los simios y con los músculos crispados por la falta de sueño (por la falta de sueño, no por la crisis de los puercos) comienzo a  escribir esto para tratar de comprender y arrojar corazón y purgar los miedos. Algo muy cabrón nos están haciendo y no precisamente los virus, algo muy cabrón nos estamos haciendo. Porque la vida no es solo  desinformación ni sobre información, también es como digerimos nuestros cuentos y nuestras razones, y estamos provocándonos un bombardeo y una intoxicación mediática capaz de alterar cualquier realidad.

Cuando estalló la comunicación sobre la epidemia, a las once de la noche de un jueves, encendí la televisión. Me sorprendió la forma en que se hizo el comunicado, como si el ministerio de salud estuviera declarando un golpe de estado. No me encontraba muy lejos de la realidad. Al día siguiente, en el boletín informativo de la radio el estado era efectivamente de sitio, no se habló de otra cosa. Por la noche fui a una fiesta llena de periodistas tranquilos, en ella una periodista dijo que aunque nos pegásemos un mes cubriendo la epidemia con mensajes oficiales al final se sabría la verdad. En los medios tampoco se habló de otra cosa el sábado ni el domingo, ni el lunes, ni el martes ni el miércoles ni el jueves…Al viernes siguiente ya no hubo fiesta. Creo que no le faltaba razón a esa periodista. ç+

 

Encender la radio y la televisión a cualquier hora del día y escuchar recuentos humanos y monetarios, que no salgamos de casa, que no salgamos, que no saludemos, ni de mano ni de beso, escuchar que la fase sube de 3 a 4 y de 4 a 5, que cierran la frontera, que matan toda una cabaña ganadera, que repatrían turistas, que se enferman turistas, que acaban restaurantes, que las mascarillas se acaban, que hay vacunas, que no hay vacunas, que no hay comida, que los niños, que los despidos…Los laboratorios comunican esto y  aquello, los políticos se unen se dividen, los hospitales y los supermercados se abarrotan, porque en masa la población se pertrecha para meses de encierro. Como dice un buen amigo, bienvenido al fin del mundo, la función está resultando interesante.

  

 

 

Las cifras iban en ascenso a principios de semana. Y el miércoles los muertos comunicados resultaron ser solo probables. Madre mía, ¿Cómo puede ser un muerto probable? A día de hoy de 150 muertos solo quedan 8, o ya son 12, o ya son 14. 14 muertos comprobados, 14 muertos en 40 millones de habitantes. Miles de sospechosos.  Ok. Suma y sigue. Y resulta que el virus no está en el aire, como habían dicho, y que no se contagia por los objetos, como habían dicho, y que la mascarilla tiene un efecto limitado, que nos pongamos un pañuelo, que nos quedemos en casa, que no trabajemos en estos días de asueto, y los comerciantes especulan con mascarillas como el gobierno especula con sus vidas.

 

En medio de toda la ruidera, hay gente que está haciendo muy buenas crónicas y muy buenos análisis. Una se pone a investigar un poco (nada del otro mundo, una búsqueda sencilla) y descubre que el día 6 de abril, un periodista de la Jornada ya había publicado un artículo sobre una epidemia en el estado de Perote, que los habitantes que protestaban contra las granjas Carroll estaban siendo amenazados por la empresa y los gobernantes locales…6 de abril, 15 días antes del comunicado oficial, 15 días antes de que el miedo y la psicosis se instalase en nuestras mentes para provocarnos enfermedades psicosomáticas…Y descubro que en la visita de Sarkozy la farmacéutica Sanofi-aventis firmó un contrato sobre producción de vacunas de influenza, y que las farmacológicas como Roche ya incrementan los ingresos de sus patentes, y que en 1999 la OMS advirtió que era preciso que los países tuviesen infraestructura científica pero México desmanteló sus dos laboratorios principales…

 ¿A quién hay que tenerle miedo aquí?

 

Que la epidemia es grave no lo dudo, especialmente porque se desconoce con precisión cuales han sido las mutaciones o recombinaciones en la cadena genética de pollos, cerdos, humanos. También sé que es grave por los antecedentes de otras gripes como la aviar, o la fiebre española del dieciocho, o aquella del 68 en asia… Mi carencias científicas no me permiten hacer cábulas sobre las recombinaciones de ARN o sobre la posible alteración de los vectores. He oido que la enfermedad destruye el sistema respiratorio y que la neumonía hace el resto, y que afecta sobre todo a jóvenes por alguna “extraña razón” Sé que la situación es grave porque la OMS ha declarado la fase 5 y porque la comunidad internacional está espantada. Poco más.

 

Sin embargo también se que es grave que  las pérdidas económicas derivadas del estado de alarma van a terminar de destrozar la economía de quien vive al día, que la infraestructura sanitaria y científica de este país no este preparada para diagnosticar debidamente a un enfermo o generar vacunas y que el crédito bajado del FMI no beneficiará a los de abajo.  Y se que es grave que la camara de senadores haya incrementado su actividad en estos días, y que una cúpula “de expertos” se arroguen la libertad de decretar sin muchas explicaciones. 

Salir a la calle es una visión apocalíptica, con ciertos espacios de complicidad. Unos cuerpos miran a otros tras su mascarilla, no me toques, no te acerques. No vayas a trabajar, no entres en el metro. Los niños ven la tele mientras a mi la rabia me arrebata en la ciudad de los muertos probables, en la ciudad cerrada y vacía, en el distrito federal, donde  cuerpos caminan con el rictus desencajado y la mirada absorta. Pese al pánico en el metro los vendedores de música continúan haciendo su chamba, los niños de la calle continúan ofreciendo caramelos,  la mujer de la esquina continúa vendiendo tacos y gorditas.

 

En la ciudad de los muertos probables, las cifras bailan y la transparencia de los cielos y sus señores es tanta que los índices de contaminación en la atmósfera la sitúan entre una de las más tóxicas del mundo. Un paseante solitario en la calle vacía tras su mascarilla se ha vuelto una imagen lógica.

 

         ¿Por qué es en el único país donde hay muertos?- se pregunta todo el mundo.

 

Los rumores de la gente van del miedo a la sospecha. Algunos dicen que esto es una cortina de humo y una gran conspiración. La imagen burda de Obama hablando con Calderón en un cubículo sobre como introducir el ejército en el país también es contagiosa, como tantas falsas explicaciones que “el pueblo” desprotegido achaca a todo esto. El recuerdo del chupacabras, un monstruo inventado que mataba reses en la época de Salinas de Gortari mientras el país se iba económicamente al garete, está presente en las mentes. Hay algo que se llama experiencia.

 

México es un país en el que la mayoría acata y desconfía. Un país en el que todavía no se piensa que no podemos pensar.  Y yo que carezco de la resignación y de la dignidad de la que hace gala callandito el pueblo mexicano, yo que no traigo en la memoria de mi piel años de silencio y sumisión, lo que más ansío la transparencia y las verdades sólidas. Como tantos otros, por otra parte. Y alucino con la manera en la que la comunidad internacional trata la catástrofe y los ojos se depositan en el paciente cero.

 

Ayer me vine a Veracruz, en busca de calor y un poco de mar, y donde tal vez consiga encontrar a ese paciente cero. En esta ciudad portuaria, la gente está más calmada y aún puede una pasear por las calles vacías sin que la miren raro. La humedad de las plantas tropicales me ha hecho soñar con conspiraciones mundiales y con rincones del pasado en los que la vegetación abigarrada llama recogerse en la decadencia de los libros de otro tiempo donde todo sucedía un poco más despacio.

  


Responses

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