Posteado por: inespiral | septiembre 15, 2009

El Oro Azul: Escasez en México DF

El DF vive ya los problemas de escasez de agua del Sistema Cutzamala, pero desde hace años las comunidades rurales aledañas al sistema padecen las consecuencias de la sequía y la sobreextracción.

Después de Tokio, la Ciudad de México es el área de población con mayor densidad del mundo. Su sistema de abastecimiento hídrico se nutre especialmente del Sistema de Aguas de Cutzamala, compuesto por siete presas, seis estaciones de bombeo y una planta potabilizadora, aunque también recibe aguas de la Cuenca del río Lerma a través del sistema Lerma 1 y Lerma 2.

La disponibilidad natural media de agua per cápita en el DF, según datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), “es menor a 500 metros cúbicos por año”. Esta cifra es mucho menor en municipios como Ecatepec, Chalco o las delegaciones Iztapalapa o Nezahualcóyotl, y todavía menor en muchas poblaciones del mundo rural que, como Loma de Juárez o San Pedro Tultepec, apenas reciben algo de agua una o dos veces a la semana. La alarma por su escasez se ha prendido en diferentes sectores económicos, ecológicos y sociales de la población. Las declaraciones recientes del jefe de Gobierno de la ciudad, Marcelo Ebrard, van en esta línea.

Descontentos y guerras por la escasez de agua no son nuevos. El agua ha sido utilizada como arma de guerra y como objeto de disputa. En su libro Blue gold, la consejera de Naciones Unidas y miembro del Consejo Canadiense, Maude Barlow, junto con Tony Clarke, científico del Instituto Polaris, señalaba que las guerras del siglo XXI serán por agua, y que la lucha por su universalidad es “una guerra de todos”. A esta percepción se han sumado múltiples pronósticos ambientales sobre los límites de crecimiento de la humanidad.

Uno de los casos más cercanos de enfrentamientos abiertos por el agua en México fue el de las comunidades Mazahua, donde se construyó infraestructura que venía a abastecer al Sistema Cutzamala pero dejaba sin recursos a las poblaciones colindantes. Su abogado, Santiago Pérez, dice: “El drama que vive la Ciudad de México manifiesta la falta de agua de la urbe, pero nada se está hablando de los problemas que afectan a las comunidades de alrededor y cómo los están solucionando”. Aunque la lucha de las mujeres mazahuas por preservar un entorno adquirió tintes internacionales en 2006, las promesas quedaron inconclusas.

Hace casi un mes, la Conagua decidió cerrar la presa Villa Victoria, del sistema Cutzamala. Estaba al 23 por ciento de su capacidad. En sus orillas la tierra cuarteada, salpicada de rocas y plantas de maguey evidencia una realidad prevista desde hace años por parte de la comunidad científica. “Ya prácticamente todo el mundo está viendo que lo que decíamos sobre la escasez en la región y la falta de reforestación es cierto”, señala la comandantaVictoria del Movimiento Mazahua. “En mi comunidad, San Isidro, antes nos surtíamos de cuatro pulgadas, ahora llegan dos, y tres grandes manantiales se han secado por la zona, si sigue la situación así vamos a tener que exigir al gobierno que haga algo, porque tiene para pavimentaciones pero no para cuidar las aguas freáticas, los árboles, el entorno”. Victoria cuenta que, ante la falta de acción del gobierno, el “movimiento” repobló el año pasado 325 hectáreas de bosque. “Un árbol frondoso puede atraer hasta 30 metros cúbicos de agua al año”, indica.

El manantial de la cortina de la presa, donde hasta hace dos meses varios camiones cargaban pipas para distribuir por las comunidades, también se ha secado. Una tubería oxidada gotea sobre el canal en señal de despedida. En Loma de Juárez, donde Ofelia pasea a sus tres ovejas, es lo mismo: “Antes este pozo manaba agua, veníamos aquí a bañarnos, recogíamos para cocinar, había peces, ahora está seco, no escurre, míralo, lleno de hojas de pino, el otro día eché dos pececillos y ya no están”, cuenta con tristeza.

A unos cuantos kilómetros, en Salitre del Cerro, la tierra se deslava y sus habitantes corren el riesgo de perder su principal fuente de abastecimiento llamada “El chorro”. El sol cae en picada, después llueve, la roca está dura y pesada, pero los mazahuas apoyaron en asamblea que 11 hombres trabajaran en su rehabilitación y gracias a una malla y rocas del entorno jóvenes y viejos aseguraron dos presas que contienen el agua, tallando con el pico y la pala una serie escalonada de pozas que la domestican. Don Patrocinio palpa con los dedos una piedra y descubre sus vetas. Minutos después un taladro y varios golpes de maza la parten, una laja se desprende: será material para la presa. “Está bien, pero podrían mejorar su aspecto, y si escurre agua por debajo se harán hoyos que filtrarán el agua”, dice Santiago Pérez mirando una poza. “¿Nada de agua por debajo?”, pregunta el delegado con la mirada. “En la primera capa se machaca colchón de hierva con la piedra, después ya se pone piedra, concreto, piedra, concreto”.

“Si aprendemos a rehabilitar nuestros manantiales, a no depender técnicamente y a apropiarnos de nuestras aguas, podremos reponer algunos daños que nos ocasionó el Sistema Cutzamala”, señala Pérez, quien indica que las comunidades mazahuas han empujado también la reforestación, la agricultura orgánica, la recolección de agua de lluvia, la construcción de bordos, la arquitectura ecológica y los biodigestores. “Un trabajo que se realiza con muy pocos recursos económicos y con mucha disposición”, dice, mientras hace un balance de los gastos energéticos del sistema Cutzamala. Tan sólo remontar el agua desde la presa Colorines a mil cien metros de distancia le cuesta a la Comisión Federal de Electricidad mil ochocientos kilowatts al año, cantidad que, según Héctor Mayagoitia, coordinador del Programa de Medio Ambiente del Instituto Politécnico, “es equivalente al gasto de una ciudad como Morelia”.

Otra comunidad afectada por las políticas hídricas del gobierno federal fue la población de la Cuenca Lerma-Santiago-Pacífico que, agrupada en el Movimiento de Afectados por la Construcción de Represas y en Defensa de los Ríos, denunció en 2006 la afectación del lago Chapala por sobreextracción y vertido de contaminantes, así como el deterioro de la cuenca por vertidos industriales. Sus ríos y sus pantanos acumulan bolsas y botellas de plástico, vertidos químicos, metales pesados. Los acuíferos están a 60 por ciento de su capacidad y muchos cerros se ven “pelones”. En el alto Lerma se recargan 283 metros cúbicos anuales y su nivel de extracción es de 425 metros cúbicos anuales, por lo que hay un déficit de 142 metros cúbicos cada año. “Hace 50 años se encontraba agua a 10 metros bajo el nivel del suelo, ahora hay perforaciones de hasta 400 metros”, señala Emilio Torres, geógrafo y miembro de la Fundación Comunidades del Alto Lerma y Consejo Regional Otomí del Lerma, quien añade que muchas comunidades del municipio de Lerma que tenían manantiales y eran dueños de agua limpia hasta hace 30 años, ahora tienen agua por tanteo.

Esta cuenca transfiere 284 millones de metros cúbicos al año al valle de México. Parte de estas aguas son utilizadas también para usos agrícolas, al regar 18 mil hectáreas: lechugas, espinacas y jitomates se nutren de aguas negras, lo que junto con el uso indiscriminado de pesticidas puede causar severos daños a la salud como enfermedades diarreicas, cólera, fiebre tifoidea, shigella, meningitis y hepatitis A y E. Según el indicador DMQ, que mide los miligramos de Demanda Química de Oxígeno por litro, las aguas del valle de México presentan índices mayores a 200, cuando un agua de buena calidad debería situarse por debajo de 20. Estas aguas contaminadas son posteriormente vertidas a la Cuenca del Golfo de México con un sistema de drenaje que arroja 50 mil litros por segundo y que se muestra ineficaz cuando hay lluvia torrencial, como se comprobó las últimas semanas con cientos de inundaciones.

Otros de los problemas por hundimientos diferenciales en la red de drenaje, viene del derroche de más de 35 por ciento del líquido por fugas y fallas en el sistema de distribución, o por deformaciones y fracturas, así como la sobreexplotación de sus aguas subterráneas que no se reponen al ritmo necesario. Cuenta Héctor Mayagoitia que de 800 millones de metros cúbicos de lluvia que caen cada año, tan sólo se infiltran 80 millones porque 80 por ciento se evapora y 72 millones se desperdician en la red de drenaje. “Cada vez estamos explotando los pozos a más profundidad por lo que se entra en contacto con la roca magmática, razón por la que en algunas zonas el agua aparece cargada de borro, fierro y manganeso”, señala, y por ello pide: “Es importante reforzar la recarga del acuífero y evitar el crecimiento de la mancha urbana, ya que las 36 mil hectáreas de bosque que quedan en el DF son las que más agua atraen y las que más agua infiltran”

En el Tercer Informe de Gobierno, el presupuesto aprobado para el desarrollo, conservación y operación de la infraestructura hidráulica en todo México asciende a 36 mil millones 265 millones 300 mil pesos en 2009, de lo cual 64 por cientos de los rubros son destinados a “mejorar el abasto de agua potable, alcantarillado y saneamiento”, ejerciéndose una inversión de nueve mil 313 millones de pesos durante el primer semestre de 2009. Los usuarios aportan tres mil millones de pesos del total previsto para las reparaciones en 2009, y sin embargo, muchos presentan deficiencias en sus servicios. “Aquí llega el agua seis meses al año, y los otros seis no, y cuando llega está sucia”, señalaban los jóvenes del Faro de Oriente en Iztapalapa, donde la falta de agua ya era constante y hoy ha empeorado.

Por si fuera poco, haciéndole frente a las cuantiosas inversiones destinadas a mejorar el abastecimiento del sector público, se encuentran las jugosas cifras de las corporaciones privadas por venta de agua embotellada, a quienes continúa interesando un sistema ineficiente de agua pública. Las corporaciones Coca-Cola, Pepsi-Cola, Nestlé y Danone pagan por el uso de aguas lo mismo que los ciudadanos comunes (tres pesos cada mil litros en DF) y la venden posteriormente por 10 mil pesos (los mismos mil litros) en una política de explotación de acuíferos y cerco de cuencas hidráulicas permitida por la Ley Nacional de Aguas desde 1992, y subsidiada por las finanzas del Banco Mundial o del Banco Interamericano de Desarrollo. “Por eso y para que no se derroche el agua de uso común”, señala Mayagoitia, “es indispensable hacer una revisión de tarifas de agua que grave el consumo de manera diferenciada”. Mayagoitia señala que las tarifas de agua en el DF están subvencionadas, ya que Conagua las vende en bloque a 12 pesos el metro cuadrado, precio que, a nivel federal, se ha incrementado sustancialmente desde finales de los noventa.

Artículo disponible también en: http://www.msemanal.com/node/1203


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: