Posteado por: inespiral | septiembre 10, 2011

El reciclaje en la Historia

El siglo XX ha conocido un enorme aumento de los residuos sólidos metropolitanos e incrementado la necesidad de regularizar su tratamiento. Sin embargo, y desde el comienzo de la vida sedentaria, múltiples grupos humanos han reciclado “la basura” por motivos económicos. Por su parte, los individuos también han buscado modos de vida con los que subsistir, siendo la recolección de desechos uno de los principales para las clases más desfavorecidas.

Así, y según cuentan J.Priestley en “Civilization, Water and Wastes” o DG Wilson en “A brief history of solid-waste Management”, existen múltiples experiencias antiguas de almacenaje, y en algunos casos de reutilización y de reciclaje de residuos. No obstante, sobre ellas hay que guardar cierta distancia, dado que el concepto actual de reciclar, proveniente de la palabra griega KukloV (kyklos) -que transcrita significa ciclo- no comenzó a usarse hasta el Siglo XX.


Los recicladores de la edad moderna

En la edad media y moderna europea proliferaron por la campiña y por las áreas urbanas recuperadores informales de basura. En Inglaterra serían conocidos como scavengers (carroñeros), rag and bone men (hombres de trapo y huesos), totters (“Tamboleadores”) o Ragpicker (recolectores de trapos). En Francia serían llamados chiffonniers, en Alemania lumpensammier y en España, traperos, término que nos remonta a los recolectores de trapos, que entre los siglos XI-XIII recababan este material para la fabricación de papel y a los que la cultura monástica conocía como pannorum collectores.

Estos recolectores de paños, que cumplían una gran función social limpiando de desechos las insalubres ciudades- generaron tal actividad en los siglos XVII y XVII que la corona española estimuló la comercialización de sus productos a través de diversos corpus legislativos. Así, en uno de los apartados del Reglamento de Libre Comercio de Indias de 1778, se señala que quedaba de libre de impuestos la recolección de lino y algodón para su reventa en manufacturas.

Por su parte, en Inglaterra, los rag and bone men fueron autorizados por la reina Isabel I en una ley dictada en 1588. Acompañados de un caballo y un carro, los recicladores informales formalizaron entonces su recorrido por calles y plazas en busca de toda clase de objetos susceptibles de ser rehusados o reciclados. De esta forma, muebles viejos, pieles de animales muertos, escorias de metal, chatarras para la metalurgia, botes de conservas, vidrio, papel o incluso huesos eran barridos de la vía pública y llevados a talleres fabriles donde el material óseo era utilizado para fabricar aceite, jabón o pegamento y las chatarras de metalurgia eran refundidas.

Estas prácticas, que aparecieron en múltiples referencias literarias desde la literatura social de Dickens al simbolismo de Yeats, se dieron también en la Europa continental hasta bien avanzados los años 50 del siglo XX y de forma muy abundante en la postguerra española.

Reciclaje de residuos orgánicos

En la península ibérica, la recolección de residuos orgánicos en las ciudades también formó parte de una cultura muy extendida, especialmente en zonas de regadío. Así, quedan testimonios escritos de como los “huertanos” de Valencia o de Barcelona recogían restos de alimentos en las calles y los triaban en cuatro clases según su uso: como fertilizante, como alimento para el ganado, como objetos re-utilizables por las personas y como desechos inútiles.

Algunos de estos huertanos se organizaron a lo largo del S.XIX y dieron lugar, a cooperativas o asociaciones de servicios de limpieza, como la Cooperativa de Usuarios del Servicio de Limpieza Pública Domiciliaria de Barcelona. Este tipo de entidades, que comenzó a mecanizar sus servicios en la segunda década del Siglo XX, está en el origen de las empresas de servicios públicos contratadas oficialmente por los ayuntamientos para la limpieza pública.

En la era industrial

En la era del carbón, este material cotizado era reutilizado por las clases populares para calentar hogares y alimentos. No obstante, con la mecanización y con el apogeo industrial, los desechos sólidos aumentaron considerablemente.

A través de procesos como la vulcanización y la fusión; nuevos materiales como el acero y el aluminio- fabricado desde el S.XVI, pero no masivamente- vinieron a sumarse al vidrio, al textil, al papel y a los metales “clásicos”, y a multiplicar los problemas ocasionados por una industria a menudo tóxica y que incumplía reglamentos básicos de seguridad ambiental y laboral.

La progresiva producción masiva y abaratada de objetos también acrecentó el consumo y los desechos, que se multiplicaron cuando, a mitades del Siglo XX salieron al mercado una vasta cantidad de polímeros (plásticos, fibras, adhesivos…) desarrollados a lo largo de la centuria y sobre los que hoy se estudia maneras económicas de reciclaje, tal y como se consiguió hacer con el papel de celulosa en los años 20 o con el vidrio en la Alemania de los 60.

Más información: http://www.revistaesposible.org/


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: