Posteado por: inespiral | marzo 26, 2012

Contenedores bajo la “Mersey moon”

Hace no mucho tiempo, varios medios ingleses se hicieron eco de unas declaraciones de Hamid Ghodse, presidente de la agencia internacional de la ONU para el control de aduanas (International Narcotics Control Board -INCB- por sus siglas en inglés), en las que el profesor señalaba que ciudades como Birmingham, Liverpool y Manchester viven en un “círculo vicioso de exclusión social, droga y comunidades fragmentadas que las lleva a niveles de otras urbes mexicanas o brasileñas”

Mientras medios sensacionalistas como The Sun o Daily Mail situaba estas informaciones, y la emisión de un informe al respecto,
en lugares privilegiados, otros medios como The guardian, señalaban en su blog semanal porqué no consideraban muy relevante esta noticia, principalmente por “la falta de evidencias para sostener tal comparación”

Más allá de las versiones amarillas del fenómeno de la droga, lo que sí parece cierto es que en los últimos años ha habido un enrarecimiento de las relaciones comerciales en su distribución en la ciudad portuaria de Liverpool, que parece consolidarse como una de las principales puertas de entrada de cocaina colombiana, a partir de cárteles mexicanos: los Zetas y Sinaloa.

Esta situación no nace de la nada y responde tanto a un cambio en la situación política y geopolítica de las mafias en Latinoamérica, como a un choque de intereses personales entre la mafia liverpoliense y la colombiana en la última década, que ya reportaron hace años periodistas de The Guardian y páginas como “MafiaToday”.

En 2001, Colin Smith, cabecilla de la mafia de Liverpool, encarga a Lawlor gestionar un cargamento de cocaina de 500 kg con el cartel de Cali colombiano, kilogramos que podían ascender a 900kg tras su corte, cada uno con un valor de 80.000 libras a pie de calle. Por alguna razón, la mercancía quedó varada en Amsterdam. Smith se excusó ante los colombianos diciendo desconocer el paradero de la droga o que había sido decomisado. Mientras tanto su grupo comenzó a venderla a escondidas por los países bajos. Mientras que Lawlor, el hermano de un cabo del Ejercito inglés presuntamente implicado en el tráfico y el hermano del propio Lawlor son últimados, Smith es amenazado, se le exige que pruebe que la droga fue efectivamente decomisada. Al no hacerlo, su cabeza sale a subasta en el mundo del sicariato. Durante seis años la droga sigue corriendo: Entra por el Mersey y sale por el aeropuerto hacia toda Europa, en vuelos “low cost”
En 2007 en un gimnasio cercano al aeropuerto John Kennedy, Smith fue finalmente asesinado, quizá debido a la traición de dos de sus segundos: Bird of Pray & James Taylor, quienes retoman las gestiones que su jefe había comenzado con los mexicanos: zetas y cartel de Sinaloa.

Lo sorprendente de todo el caso es que los funerales de Colin Smith se oficiaron públicamente y con gran afluencia en la ciudad scout, mientras que su viuda exigía justicia por su muerte.

Años después, se han abierto los expedientes, y la figura de Colin Smith parece dibujarse en el imaginario amarillista inglés como “padre de varios hijos, amante del Everton, hombre de negocios”. Casi un ciudadano más en definitiva, aunque ninguno de los potenciales testigos del caso se atreva a declarar. Por otro lado, se ha multiplicado en Inglaterra al tiempo que ha caído en España.


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