Posteado por: inespiral | marzo 27, 2012

De sol y lluvia tropical…

Sin previo aviso y una vez más, poco antes de partir hacia tierras tropicales, los nervios del “qué será” hacen de las suyas. Echo un vistazo al tiempo metereologico, a las cartillas de vacunación y al horario de los vuelos, pero como en realidad estoy pensando en otras cosas, miro una vez más el horario de los vuelos. Al fin y al cabo, es lo único fundamental para embarcarse. “Vida precaria, pero emocionante- me digo- y lo que es más importante ¡elegida!” Mientras compruebo que no tengo un asiento asignado y el checking previo, saltan a mis brazos como chinches de playa, algunos recuerdos vívidos y otros literarios:  las conchas blancas que recolecté junto a unos pescadores cubanos en Trinidad, el arrecife de coral de 400 km que recorre el Atlántico Caribeño, la onda tropical número 7 que inundó las calles de altas aceras de Isla Mujeres, la prosa enredada de Carpentier (instrumentos en la noche, zumbidos ancestrales, animales totem), el olor a maguey, chicozapote y papaya, el coco tierno, el salitre penetrando mosquiteras, madera húmeda y cámaras reflex, las carreteras desprendidas por las lluvias, los árboles quietos y pendientes del silencio que se mastica en el amanecer, las ranas croando bajo el lomo de perros callejeros, las olas luminosas de plancton en luna llena, el sol radiante, aplastante a ratos, esa sensación de eternidad, de pausa, de densidad, el barro prendido a las ruedas de las “pick-up”, los mercados abarrotados de color, los turistas confundidos, la salsa, la música que no caduca, los puestos de pupusas, las mineras que abren la tierra, las cabañas dispersas, esos tristes trópicos que trazaron, y seguirán trazando, un viaje de ida y vuelta mientras puedan.

Mientras alimento los chinches, abro la página de una novela que me han recomendado. Aunque en apariencia tiene un aire menor, sobre ella no apetezco juicio negativo alguno pues viene a alimentar las fantasías sobre Costa Rica de las que todavía adolezco. Jaja! Es de Jose María Mendiluce, se llama “Pura Vida” y así comienza…

Nadie que haya conocido Puerto Viejo habrá quedado indiferente. Ni podrá olvidarlo jamás. Situado en la costa Caribe de Costa Rica, este pueblo de casas de madera y densa vegetación selvática mira a un mar de corales y turquesas, desde playas que desbordan cocoteros y almendros tropicales. Poblado por negros de distinto origen, entre los que predomina el jamaiquino, es también punto de encuentro comercial y de abastecimiento para los indígenas e la zona, talamancas y bribis….. Por su puesto que ya no es el mismo desde hace unos años. Su aislamiento se fue rompiendo a fuerza de puentes y del camino que, salvo las destrucciones provocadas por los frecuentes huracanes, tormentas tropicales y terremotos, permite llegar a él desde Puerto Limón….

En los próximos días ya veremos si la luz eléctrica cambió el panorama.


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